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Dudas frecuentesPublicado el 8 de octubre de 20263 min de lectura

«Si lo cuento, ya no me necesitan»

«Si lo cuento, ya no me necesitan»

El reflejo de guardarse lo que uno sabe tiene cuarenta años de motivos detrás. Merece una respuesta seria, no un «no te preocupes».

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Este miedo no es una tontería y no lo vamos a despachar con una palmadita.

Si llevas décadas en un oficio, has aprendido que lo que sabes es lo que te hace difícil de sustituir. En muchos sitios, además, era literalmente tu única protección: mientras fueras el único que sabía arreglar aquello, no te tocaban.

Ese reflejo tiene motivos. Vamos a mirarlo de frente.

Primero: lo cuentas, no lo entregas

Contar lo que sabes no es dejar de saberlo. Sigue siendo tuyo, lo sigues teniendo en la cabeza, y puedes seguir usándolo, trabajando con ello, enseñándolo y cobrando por ello donde quieras.

No hay ninguna exclusividad. Nadie te compra a ti ni te impide seguir haciendo lo que hacías.

Es distinto de vender una máquina: cuando vendes una máquina, te quedas sin ella.

Segundo: quién compra, y por qué no es tu competencia

Quien adquiere este material son empresas que están construyendo herramientas para tu sector. No son el vecino que quiere montar lo mismo que tú en la calle de al lado.

Y hay un detalle que casi nadie tiene en cuenta: alguien que compra conocimiento estructurado para entrenar un sistema no está en condiciones de hacer tu trabajo. Está construyendo una herramienta que necesita, entre otras muchas cosas, criterio profesional. Eso no le convierte en profesional del oficio.

Tercero: tú eliges dónde está el límite

Si hay algo que consideras que no debe salir —porque hay confidencialidad de por medio, porque es tu ventaja competitiva real, o simplemente porque no te da la gana—, no lo cuentas.

Nadie te va a insistir y no hace falta que justifiques nada. Habrá material de sobra sin ello.

Cuarto: la pregunta incómoda

Y ahora la parte que conviene decir, aunque sea menos agradable.

Ese conocimiento que estás guardando, ¿lo estás guardando para algo?

Si estás en activo y te da ventaja, es una decisión perfectamente razonable y no hay más que hablar. Guárdalo.

Pero si ya te jubilaste, o estás a punto, la cuenta cambia. Guardado no protege nada, porque ya no hay puesto que proteger. Simplemente se queda contigo, y con el tiempo, se va.

Es fácil descubrir en ese momento que el reflejo de guardárselo se le quedó puesto después de que dejara de tener sentido.

Y quinto: el trato ha cambiado

Durante toda tu carrera, compartir lo que sabías era gratis. Formabas al que entraba nuevo, resolvías dudas del compañero, enseñabas el oficio, y a cambio no recibías nada más que el gusto de hacerlo.

Aquí es al revés: compartirlo es lo que se paga. Y si tú no lo haces, el hueco no se queda vacío para siempre: acaba llenándolo material de peor calidad, hecho por quien tenía menos que contar pero se animó antes.

Si sigues con dudas

No hace falta que las resuelvas todas antes de empezar. Puedes contar un rato, ver qué sale, leerlo con calma y decidir después si eso se publica o no.

Decidir tras verlo escrito es mucho más fácil que decidirlo en abstracto.

Cuéntalo y decides luego.

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