
Cuando alguien oye «comparte tu conocimiento» piensa en formación, en escribir o en volver a un horario. No es ninguna de las tres cosas, y la diferencia importa.
Sagelix
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Imagen generada con inteligencia artificial.
Cuando alguien oye «comparte tu conocimiento», la cabeza se le va a uno de tres sitios. Y los tres dan pereza, con toda la razón del mundo.
Vamos con los tres, porque descartarlos es la mejor manera de explicar qué es esto.
No es dar clase
Dar formación exige preparar. Hay que montar un temario, ordenar los contenidos, pensar en cómo se explica cada cosa, tener un guion. Y luego hay que ponerse delante de gente, que a mucha gente le cuesta y no tiene por qué gustarle.
Aquí no hay temario ni hay nadie delante. Hablas y ya está, del tema que salga y en el orden que salga. Si te vas por las ramas, perfecto: muchas veces lo bueno está en la rama.
No tienes que ser buen profesor. Tienes que saber tu oficio.
No es escribir un libro
Esta es la que más echa para atrás y la entendemos perfectamente.
Escribir es lento, es un trabajo distinto al tuyo, y produce esa sensación desagradable de estar diciendo obviedades cuando pones por escrito algo que llevas décadas haciendo sin pensar.
Aquí no se escribe. Se cuenta hablando y se organiza solo. No hay que redactar, ni corregir estilo, ni preocuparse por cómo suena.
Lo único que haces por escrito es dar el visto bueno a lo que ha quedado recogido, y eso se hace leyendo, no escribiendo.
No es volver a trabajar
Y esta es la más importante para quien ya se ha jubilado o está a punto.
No hay horario. No hay que estar disponible. No hay clientes que atender, ni plazos, ni nadie esperando nada de ti. No tienes que desplazarte a ningún sitio ni comprometerte a estar en ningún lado.
Cuentas cuando te apetece, el rato que te apetece, y paras. Si esta semana no te apetece, no pasa nada: no hay nadie contando los días.
Lo haces una vez y no hay que volver. Si dentro de unos meses alguien adquiere lo que dejaste, te enteras porque te llega el aviso. No tienes que hacer nada más.
Entonces, ¿qué es?
La comparación más cercana es esta: es como esas conversaciones que tenías con el que entraba nuevo.
Aquellas en las que te preguntaba algo, tú le contabas cómo se hacía, te acordabas de un caso, se lo contabas también, y de paso le decías dónde estaban las trampas para que no se metiera en ellas.
Eso es. Con la diferencia de que esta vez queda recogido y de que cobras por ello.
Sin compromiso, de verdad
Puedes probar una conversación corta y ver cómo se siente. Si no es lo que esperabas, lo dejas ahí.


