
Se organiza una comida, se firman los papeles y al día siguiente cuarenta años de oficio dejan de existir. No es una exageración: es literalmente lo que ocurre.
Sagelix
Sagelix
Hay una escena que se repite en miles de empresas cada año. Comida de despedida, un regalo, unas palabras. Alguien que lleva cuarenta años allí se va a casa.
Y con esa persona se va algo que nadie ha inventariado nunca: saber en qué orden se hacen las cosas cuando el manual no aplica. Qué proveedor falla en agosto. Qué máquina hay que tratar distinto. Qué cliente pregunta lo que pregunta porque en realidad le preocupa otra cosa. Por qué aquello que parece la solución evidente no lo es.
Nadie lo apuntó. Nadie sabía que había que apuntarlo.
El intento que casi nunca funciona
Las empresas espabiladas lo intentan. Ponen «un periodo de transición» de dos o tres meses, con el veterano enseñando a quien se queda.
Y sirve de algo, pero mucho menos de lo que la gente cree, por un motivo muy simple: en dos meses solo salen los casos que ocurren en esos dos meses. Lo que aprendiste en el año 2008 con aquel problema raro que aparece cada cinco años no va a surgir, porque no toca. Y precisamente ese es el conocimiento que más falta hace, porque es el que nadie más tiene.
Al final el relevo aprende la rutina y se queda sin lo excepcional. Y lo excepcional es donde se pierde el dinero.
No es culpa de nadie
Conviene decirlo claro porque a veces se plantea como si alguien lo hiciera mal.
Nadie documenta lo que sabe porque documentar nunca es urgente. Siempre hay algo más apremiante hoy. Y porque, cuando llevas décadas haciendo algo, dejas de verlo como conocimiento: lo ves como lo normal, como lo obvio, como «esto lo sabe cualquiera».
No lo sabe cualquiera. Lo sabes tú y cuatro personas más, y tres de ellas también se están jubilando.
Lo que se pierde no vuelve
Cuando una empresa pierde a un veterano, lo nota meses después: en un error que antes no ocurría, en una decisión que se toma peor, en un trabajo que tarda el doble. Casi nunca lo relaciona con la jubilación de nadie. Simplemente, las cosas van un poco peor y nadie sabe exactamente por qué.
Y desde el otro lado, el de la persona que se va, hay una sensación que mucha gente describe con las mismas palabras: la de que todo aquello no sirvió para nada más que para hacerlo.
Que quede en algún sitio
Esto es lo que hace Sagelix, dicho en una frase: recoger ese conocimiento antes de que desaparezca, y hacerlo de forma que quien lo tiene reciba algo a cambio.
No es un archivo ni un museo. Es que empresas que están construyendo herramientas para tu sector puedan aprender de cómo lo hacías tú, y que tú cobres por ello. El 100% de lo que se pague por tu conocimiento es tuyo.
Y no hay que jubilarse para hacerlo. Al revés: cuanto antes se recoge, mejor sale, porque el oficio está fresco.
Aún estás a tiempo
Si te faltan años, tienes tiempo de sobra y ninguna prisa. Si te quedan meses, es el momento. Y si ya lo dejaste, tampoco has llegado tarde: lo que sabes sigue ahí y sigue valiendo.
Lo único que no se puede recuperar es lo que nadie recogió a tiempo.
Cuéntanos a qué te dedicaste. Se tarda menos de lo que crees en empezar.


